Triunfo

Lucía sonrío, no era cualquier sonrisa forzada, o de alegría, era una sonrisa triunfal. Como había disfrutado haciendo aquella obra de arte... Caminó hasta el baño y eliminó los restos de sangre que quedaban en las comisuras de sus labios . Se relamió. ¿Qué diría su pobre madre al verlo? Pensó divertida.
No todos los días encuentras a tu hijo descuartizado y degollado en La Cocina. Pensó riendo.
Se quedaría sorprendida con mi obra de arte. Dijo para si. Un precioso mural con los restos de Juan, su carne tirada por el suelo de la cocina, y su sangre restregada por la pared creando palabras de locura. Que privilegiada...su sonrisa había agrandado.Ya no soportaría a aquel niño ni ninguna de sus bromas. La crueldad era su especialidad.
La niña abrió el armario y colocó su lazo rosa en la cabeza, diciéndose a sí misma lo bien que le quedaba.

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