Compañero

Lucía tenía que lidiar con muchas, pero que muchas cosas.
En su colegio se burlaban, reían y mofaban de ella, pero eso no era problema para la niña; Lucía tenía único recurso que podía acabar con sus voces, aunque también con algo más.
"Mirad a la pequeña Lucía, con su pelo despeinado y sus lazos rosas" Reía Juan.
El grupo se hacía cada vez más grande. Las risas eran más fuertes. El odio era más intenso.
"Ja, ja" "¿Vas a llamar a tu mamá?"
"No tengo madre y lo sabes"
"Esto te va a costar muy caro" Dijo Lucía.
"Si, claro, ¿que me va hacer una niña engreída?"
"Tú no me conoces y nunca me conocerás" Dijo ella.
"Ahora te haces la misteriosa, ¿eh?" Se rió Juan
"Di lo que quieras, imbecil, pero espero que esta noche duermas bien, porque a lo mejor, hoy, no volverás a despertar"
Él ignoró su advertencia y se negó a pedir disculpas. La pequeña Lucía se preparó, para recoger su alma cruda.
Juan llegó a su casa cansado, su madre no estaba y su hermanita pequeña había salido con ella. Así que encendió la televisión y se acomodó en el sofá. Pasaron horas y horas, viendo ese programa tan aburrido que apenas le gustaba , pensando en las palabras de Lucía; "Tú no me conoces y nunca me conocerás. Espero que duermas bien, porque nunca despertarás" cuando la puerta de casa se abrió; Nuria acababa de llegar con su hija Claudia.
"Hola mamá"
"Hola hijo, ¿qué tal el colegio?
"Bastante bien, he sacado un diez en Lengua" Dijo él
"¡Madre mía, eso es genial! ¿Qué te parece si lo celebramos comiendo un helado?"
"¡Gracias, mamá!"
Juan era el mejor alumno de la escuela. Tenía una buena familia, un buen hogar y unos profesores que lo admiraban y lo elogiaban. Era un chico inteligente y dulce, aunque burlón y provocativo.
El estudiante cogió las tarrinas de helado de la cocina y bajó al piso de abajo.
""¡Juan!, ¿has apagado todas las luces? ¡Parece que queda una!" Gritó Nuria
"Qué extraño, las había apagado todas" Dijo el alumno pensativo. Juraría que había apagado la luz.
Juan subió las escaleras y se dirigió a la misteriosa luz, soñoliento.
El estudiante entró en la cocina. Esta parecía desordenada, como si alguien hubiera estado buscando algo. El cajón de los cuchillos estaba abierto... La puerta se cerró.
Juan giró su cabeza y volvió a mirar al frente, una sombra se encontraba en medio de la cocina.
"Te gusta hacerme rabiar, ¿eh?" Dijo la niña
"¿Lucía, eres tú?" Dijo el niño asustado.
"Si, soy yo" "¿Quién pensabas que era?"
El niño se estremeció y su tono de piel palideció.
"Te noto un poco tenso, ¿no?"
"¿Es una broma? Porque no tiene gracia"
"Al contrario que tú, yo no gasto bromas pesadas"
"¿Qué, qué haces aquí?" Tartamudeó.
"Lo que debería haber hecho el momento en que te conocí"
La luz de la cocina se apagó y un grito resonó por toda la casa. Todo había salido a la perfección.

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