Lucía

"Tenemos que hablar" Dijo Luis
Hacían dos días del desastre: la señora Hofstaden, profesora de primaria, había acabado muerta por intoxicación; una manzana en mal estado. Esta llevaba una pequeña dosis de cianuro, casi imperceptible. Los médicos señalaban que una manzana en mal estado podría matar a una pobre señora a la que le faltaban unos pocos meses de vida, pero la realidad se elevaba mucho más que una simple suposición. Lucía era la única que regalaba manzanas, y Luis lo sabía.
"Tu le diste esa manzana a la señora Hofstaden, ¿Me equivoco?"
"Yo no sabía que estaba en mal estado"
"Lucía, me estás asustando" "Dime la verdad"
"Yo no lo sabía" Ella puso su cara triste e hizo que  unas pequeñas lagrimillas cayeran de sus ojos azules, dulcemente.
Luis llevaba viviendo con ella dos años y conocía sus distintas tácticas para convencerle de lo que ella quisiera, pero su corazón se ablandaba cada vez que ella se sentía mal, o al menos, cada vez que ella fingía sentirse mal. El pobre hombre no tuvo más remedio que darle la razón e intentar alegrar esa dulce carita triste.
"Perdóname Lucía, no quería hacerte llorar" "Podemos olvidarlo todo e irnos al parque, por allí hay un puesto en el que venden los mejores helados de toda la ciudad"
Las lágrimas de la niña fueron desapareciendo y una sonrisa se dibujó en sus labios color rosa, había sido coser y cantar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario